OSTEOPATÍA

EL SER HUMANO COMO UNIDAD. LA FUERZA VITAL

Las células forman tejidos y los tejidos forman sistemas. Todos ellos interactúan, realizan intercambios y se comunican entre sí y con el entorno para mantener el equilibrio interno del cuerpo humano (la HOMEOSTASIS).

El cuerpo humano posee una fuerza inherente, denominada Fuerza Vital, que impulsa la función celular y la homeostasis. Por medio de esta fuerza el organismo tiene la capacidad de autorregularse, autoequilibrarse y sanarse.

Esa Fuerza Vital, que se manifiesta a través del Movimiento Respiratorio Primario, se inicia en el eje craneosacro (Sistema Nervioso Central y líquido cefalorraquídeo) y se transmite a todo el organismo.

EL MOVIMIENTO RESPIRATORIO PRIMARIO (MRP), BASE DE LA COMUNICACIÓN, BASE DE LA VIDA

El MRP es el movimiento natural de las células y la base de la comunicación que hace que el organismo mantenga el equilibrio interno.

Las células, en su estado natural, vibran, se expanden y se retraen, continua y rítmicamente (tal y como hacen los pulmones –inspirar-espirar– en la respiración pulmonar); y ello hace que se dé la comunicación entre ellas y el entorno. Es el movimiento de la vida cuando está en equilibrio, cuando está en armonía.

Estas vibraciones, estos movimientos sutiles, el osteópata los puede sentir a través de sus manos y así diagnosticar y tratar las disfunciones y las enfermedades.

Cuando se da un desequilibrio físico (traumatismos, cirugías, cicatrices…), metabólico (excesos, carencias, intoxicaciones…) o emocional (estrés, miedo, angustia…) la célula se retrae, deja de realizar el MRP y no vibra en armonía con el resto del cuerpo, disminuyendo así la interacción, los intercambios y la
comunicación con el organismo al que pertenece.

Esta retracción, esta retención de energía en la célula, produce un aumento de densidad y tensión, altera la mecánica profunda de todo el organismo, compromete las funciones de la zona y crea un enlentecimiento y estancamiento de los líquidos corporales (estasis), y acumulación de sustancias tóxicas.

El organismo, para seguir manteniendo el equilibrio interno del cuerpo, va creando adaptaciones a dichas retracciones-retenciones, pero, a medida que estas aumentan, se va volviendo más rígido, pierde capacidad de adaptación y llega un momento en el que ya no logra encontrar un equilibrio, no consigue restablecerse: se ha roto la armonía y aparecen el malestar y la enfermedad.

Dado que todas las células, tejidos y sistemas están interrelacionados, la retención en una zona se puede manifestar como malestar o enfermedad en otra zona alejada de ella, bien en el mismo sistema (por ejemplo: un esguince de tobillo puede provocar dolores a nivel lumbar) o bien en otro sistema ( por ej.: una disfunción hepática puede provocar dolores a nivel cervical).

El osteópata por medio de sus conocimientos anatómicos y fisiológicos escucha el cuerpo y sus tejidos. Siente los movimientos sutiles, siente dónde se retiene la energía en la célula y ayuda a liberar estas retenciones para que así el propio organismo se regule, se reequilibre y sane. Ayuda al organismo a armonizarse local y globalmente.

“Quitar todos los obstáculos, y cuando eso esté hecho, de un modo inteligente, la naturaleza hará tranquilamente el resto” (A.T. Still)